Ganador de un World Press Photo 2025

En su edición 2025, el aclamado concurso de fotoperiodismo World Press Photo ha reconocido la labor del fotógrafo español Samuel Nacar en la categoría Reportaje Gráfico dentro de la región Asia Occidental, Central y del Sur.
Su galardonado proyecto se titula “Las sombras ya tienen nombre” y aborda los relatos de los supervivientes de las cárceles en Siria y las torturas que vivieron durante el régimen del expresidente Bashar al-Asad. Este proyecto fue publicado por la Revista 5W, acompañado de textos de Agus Morales. Puedes revisar el reportaje completo aquí y, a continuación, transcribimos la entrevista al fotógrafo.
Nacido en Barcelona (1992), el fotógrafo documental Samuel Nacar ha trabajado en los últimos años cubriendo para diferentes medios las rutas migratorias hacía Europa. El autor, que es socio de la Fundación Photographic, ganó la II Beca Joana Biárnes en 2021 con su proyecto «Cartas a Mariví», sobre la desindustrialización y despoblación de España y también fue merecedor del Premio al Mejor Proyecto en el festival de cine Abycine, además de un IPPAwards y una Medalla de Oro en los PX3 por su cobertura del desalojo de Calais en 2016.
Por Carlos G. Vela
¿De qué trata tu proyecto ganador de un World Press Photo 2025, realizado junto al periodista Agus Morales para la revista 5W?
El título del proyecto es “Las sombras ya tienen nombre”, que es el nombre que le dio Agus Morales al reportaje. Va sobre todos aquellos que desaparecieron durante el régimen de Bashar al-Asad y que ahora vuelven a ver la luz, a salir y a relacionarse con sus familias, y (permite conocer) en qué estado están cuando vuelven a la vida. Estamos hablando de presos y desaparecidos que han regresado, tras pasar años en la cárcel, pero también de todos aquellos a los que el régimen mató y dejó en fosas (comunes), que ahora se están descubriendo después de todos estos años de guerra.

¿Vuestro proyecto intenta recuperar lo ocurrido durante el mandato de Bashar al-Asad?
No, de hecho, creo que era el presente más absoluto (en el momento de realizar el reportaje). Con la caída de Bashar al-Assad, se abrió la cárcel de Sednaya y, cuando nosotros llegamos, los presos acababan de salir el día anterior. Además, mucha gente de las poblaciones abría las fosas que sabían que existían o que creían que estaban ahí. De hecho, estábamos haciendo la entrevista con uno de los presos y nos avisaron de que se estaba abriendo una fosa en un pueblo cercano. ¡Pero habrá miles de fosas por toda Siria que todavía no se han abierto!
¿Cómo vivió la población siria la caída del régimen?
Era un momento muy curioso, con unas emociones muy contradictorias. Por un lado, la madre de uno de los presos no podía parar de sonreír porque sus dos hijos habían vuelto a casa después de siete años, ¡era el momento más bonito! Ella no paraba de abrazar a sus hijos, de enseñarlos por todo el pueblo, era precioso. Por otro lado, estaban todos aquellos que, a pesar de que se hubiera abierto la cárcel, no habían recuperado a sus desaparecidos, ¿dónde estaban? Así que, por ejemplo, aunque Damasco estuviera en fiesta y todo el mundo celebrando, todos los espacios públicos estaban llenos de carteles con las fotos de personas que no se sabía dónde estaban.
¿Era tu primera vez en Siria como periodista?
Llevo diez años intentando entrar a Siria. Lo intenté hace tres años con el terremoto, pero era complicado el tema de los visados. No había entrado por la guerra porque yo no hago fotoperiodismo de conflicto como tal. Lo que pasa es que llevo una década haciendo temas de migración, sobre todo, con un foco en el éxodo sirio. Y cuando cayó Bashar al-Asad, vi una ventana, dije: “llevo diez años intentando contar y saber de qué huía toda la gente que me he encontrado en el camino”. Así que este trabajo cierra una etapa vital muy importante. Contar lo que ha hecho el régimen y por qué la gente huía de Siria es fundamental para entender los procesos migratorios que tenemos en Europa. Y más ahora (en abril 2025, cuando realizamos esta entrevista), cuando de repente las instituciones ya no quieren dar visados o ya dicen que Siria es un lugar seguro. Es importante recordar que llevan diez años de guerra civil y que sigue habiendo una violencia constante en las calles. Creo que es fundamental para entender Europa y cómo hemos tratado a gente que huía literalmente de la guerra, de un dictador, de cárceles y torturas, de fosas comunes. La gente huía de eso y no les hemos abierto ni una sola de las puertas que tendríamos que haberles abierto.

¿Cómo fue saber que ganabas un World Press Photo?
Lo recibí con muchísima alegría y muchísimo orgullo, porque al final es un reconocimiento. Con Agus Morales llevábamos dos meses intentando publicar este reportaje a nivel mundial. De hecho, todos los editores lo tienen y todos contestaron que no tenían espacio. Íbamos a publicarlo en la revista 5W, pero a nivel internacional nadie quiso publicar la historia. Y entonces, cuando te dan un reconocimiento así te llena de orgullo, porque llevas dos meses viendo cómo editores rechazan tu trabajo. Aceptar el rechazo está muy bien, pero cuando de repente te dan el reconocimiento de que este trabajo está muy bien, eso te llena de orgullo. La industria no se basa en la calidad, se basa en que tiene unos tiempos y tiene unos espacios y cada vez hay menos dinero. Entonces puede parecerte que lo haces mal, pero no, lo estás haciendo bien y te lo reconoce un premio, que a mí me hace muchísima ilusión.
¿Qué pasará con Bashar al-Asad?
A Duterte se le acaba de pillar y va a ser juzgado en La Haya por crímenes contra la humanidad. Y yo creo que al-Asad debería pasar por un proceso muy parecido. Por eso, documentar este tipo de torturas, creo que puede ayudar a generar conciencia sobre la necesidad de un juicio y una detención, no solo de al-Asad, sino de todos aquellos que hicieron este tipo de masacres, que han dejado a (tanta) gente sin vida. Uno de nuestros protagonistas no se podía ni levantar después de pasar siete años en la cárcel y estaba en los huesos. Ese tipo de imágenes o de cuerpos los había visto en libros de historia, pero no en directo. Esa brutalidad con la que el régimen ha actuado creo que tiene que ser perseguida y creo que un reportaje así ayuda a tomar conciencia sobre la necesidad de que tribunales como La Haya digan: “tenemos que perseguir a este tipo, no puede estar viviendo en Rusia tranquilamente, tiene que pagar por lo que ha hecho”.
¿Qué pasará en Siria ahora?
Creo que mi trabajo también es el cierre a diez años de cobertura sobre rutas migratorias. No sé lo que puede pasar en Siria y creo que no tengo ninguna voz para decir si el futuro de Siria va a ir bien o va a ir mal. Creo que son los sirios los que tienen que decidir cómo va a funcionar. Estamos viendo que hay ataques y hay masacres ahora mismo (abril de 2025) en toda la costa de Siria; una barbaridad, una salvajada. Ahí no puedo decir mucho más, pero sí que puedo hablar sobre cómo Europa trata a la gente migrante. Creo que este tipo de proyectos ayudan a generar una empatía para que sepamos de dónde huye muchas veces la gente. No podemos estar defendiendo la Europa de la democracia, las libertades y los derechos, y tener unas fronteras como fortificaciones, que son brutales. La gente está muriendo en nuestras costas porque somos incapaces de generar una vía segura por donde la gente pueda emigrar y huir. Todo el mundo tendría que tener este derecho. Mi abuela durante la guerra civil podía haber escapado antes de que terminara la guerra, pero no lo hizo y eso implicó represalias del régimen franquista. De hecho, mis dos bisabuelos han muerto en la cárcel, por lo que creo que la situación en Siria no es tan ajena a nosotros. Todos conocemos historias o tenemos familiares que, durante nuestra guerra civil, pasaron por procesos muy parecidos. Cuando le cerramos las puertas a estas personas, estamos cerrando la puerta a nuestros antepasados que también pedían ayuda. Es fundamental recordar que la historia no es que en Siria vaya peor, sino que a veces las cosas se tuercen y tenemos que dar oportunidades a la gente que quiera huir. Tenemos que abrir las puertas porque si no, no podemos hablar ni de derechos, ni de libertades, ni de democracia. O replanteamos eso o hablamos de una Europa fortaleza dictatorial, que no permite que ingrese nadie que no haya nacido o viva aquí. No podemos seguir vendiendo un discurso que no es.
Samuel Nacar estará presente en la exposición World Press Photo 2025 en Barcelona, que se celebrará del 7 de noviembre al 14 de diciembre. Las entradas se pondrán a la venta el próximo mes de octubre.



